قُلْ يَٰٓأَهْلَ ٱلْكِتَٰبِ لَسْتُمْ عَلَىٰ شَىْءٍ حَتَّىٰ تُقِيمُوا۟ ٱلتَّوْرَىٰةَ وَٱلْإِنجِيلَ وَمَآ أُنزِلَ إِلَيْكُم مِّن رَّبِّكُمْ وَلَيَزِيدَنَّ كَثِيرًا مِّنْهُم مَّآ أُنزِلَ إِلَيْكَ مِن رَّبِّكَ طُغْيَٰنًا وَكُفْرًا فَلَا تَأْسَ عَلَى ٱلْقَوْمِ ٱلْكَٰفِرِينَ ٦٨
68. Di: “¡Oh, Gente del Libro! No tendrán fundamento alguno mientras no se atengan a [la ley de] la Torá, el Evangelio1 y lo que les ha sido revelado por su Señor”. Lo que te ha sido revelado por tu Señor acrecentará en muchos de ellos la arrogancia y la negación a reconocer la verdad, pero no te aflijas por un pueblo que se niega a reconocer la verdad.
Notas
[1] Cuando el Corán menciona la Torá y el Evangelio, se refiere a las revelaciones originalmente entregadas a Moisés y a Jesús. No alude a los libros bíblicos tal como se fijaron siglos más tarde, ni a lo que hoy se conoce como Antiguo o Nuevo Testamento en su conjunto. En la Arabia del siglo VII, donde estos versículos fueron revelados, no existía un canon bíblico establecido como el actual. Por ello, las referencias coránicas a la Torá y el Evangelio no pueden ser interpretadas como una validación a los textos canónicos actuales.