Pero sí seguían lo que recitaban los demonios durante el reinado de Salomón. Sepan que Salomón no cayó en la incredulidad1, sino que fueron los demonios quienes enseñaron a la gente la hechicería y la magia que transmitieron los ángeles Harút y Marút en Babilonia. Ellos no le enseñaban a nadie sin antes advertirle: “Nosotros somos una prueba, no caigan en la incredulidad”. A pesar de la advertencia, aprendieron de ellos cómo separar a una persona de su pareja, aunque no podían perjudicar a nadie sin el permiso de Dios. Lo que aprendían los perjudicaba y no los beneficiaba. Pero los hijos de Israel sabían que quien practicara la hechicería no tendría éxito en la otra vida. ¡Qué mal vendieron sus almas! Si supieran.
Notas
[1] Salomón no practicó la magia ni la hechicería, así como también es inocente de las acusaciones que le hacen algunos autores de la Biblia y la literatura judía extra bíblica.
El versículo 102 de la sura Al-Baqara (2:102), sura medinense, se encuentra en el yuz 1, en la página 16 del mushaf. Léelo en árabe con su transliteración, sus traducciones y su tafsir, y escúchalo recitado por 69 recitadores.
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Tafsir del versículo 102
Al-Mujtasar
Después de rechazar la religión de Al‑lah, ellos siguieron otra en la que los demonios contaban mentiras sobre el reinado de Salomón (Sulaimán), el profeta de Al‑lah. En efecto, estos demonios pretendían que su autoridad estaba construida sobre la base de la hechicería (as-sijru) cuando, por el contrario, Salomón nunca practicó la hechicería ya que habría sido culpable de cometer incredulidad. Fueron más bien los demonios quienes cayeron en la incredulidad y enseñaron, a modo de prueba para las personas, la hechicería que fue revelada a los ángeles Harut y Marut en Babilonia (Babel), en Irak. Estos dos ángeles no enseñaban la hechicería sin antes advertir a la persona: “Somos una prueba para las personas. No te vuelvas incrédulo iniciándote en la hechicería.” Aquellos que no aceptaban el consejo se iniciaban en la hechicería, que consistía, entre otras maldades, en provocar animosidad entre los esposos conduciendo a su separación. Estos hechizos no podían causar daño a nadie a menos que Al‑lah así lo permitiera, y las personas que se iniciaban en la hechicería aprendían algo que les era nocivo e inútil a la vez. Ellos sabían que aquel que cambia el Libro de Al‑lah por la hechicería no puede pretender recibir lo que fue prometido a los piadosos en el Más Allá. Qué detestable es aquello por lo cual vendieron su alma. En efecto, cambiaron la Revelación y la religión de Al‑lah por la hechicería. Si supieran lo que les conviene, no habrían actuado de tan execrable manera, que constituye una perdición manifiesta.
Se refieren a las aleyas 102 a 105 de la sura Al-Baqara (página 16 del mushaf).
1. La ofensa de esos judíos hacia los profetas de Al‑lah al acusar a Salomón de haber practicado la hechicería, mientras que Al‑lah lo declaró inocente y desmintió sus acusaciones.
2. La hechicería tiene un efecto real sobre la razón y el cuerpo. Su práctica es ilícita.
3. No hay bien ni mal posible en el Reino de Al‑lah sin que Él lo sepa y lo permita.
4. El principio jurídico de “precaución (saddu dhara’i)” es una de las finalidades a las que apunta la legislación islámica. Este nos obliga a precavernos de pronunciar cualquier palabra o realizar cualquier acto que pueda sugerir algo incorrecto.
5. La gracia está en manos de Al‑lah, y con Su misericordia y Su sabiduría, la reserva para quien Él desea.
Otras traducciones del versículo 102
Y (sin embargo) siguen lo que (falsamente) decían los demonios acerca del reinado de Salomón37. No obstante, Salomón no cayó en la incredulidad, sino que fueron los demonios quienes lo hicieron al enseñar la brujería y lo que les fue revelado38 a los ángeles Harut y Marut en Babilonia. Mas (los ángeles) no enseñaban nada a nadie sin decir antes: «Nosotros somos una prueba (de vuestro Señor), no caigáis en la incredulidad (aprendiendo la magia que os enseñamos)». Y (las gentes) aprendían de ellos a separar a un hombre de su esposa; pero no perjudicaban a nadie sin el consentimiento de Al-lah. Y aprendían aquello que los perjudicaba y no los beneficiaba. Y, en verdad, los (judíos) sabían que quienes aprendían y practicaban la brujería39 no tendrían su parte de recompensa en la otra vida. ¡Por qué mal precio vendieron sus almas, si supieran!
Notas
[37] Al parecer, los demonios, encabezados por Iblis, convencieron a un grupo de los hijos de Israel, tras la muerte de Salomón, de que este controlaba a los hombres, a los demonios y a las aves con hechicería, y les mostraron como prueba libros de brujería que Salomón había enterrado bajo su trono. Los hijos de Israel corrieron la voz de que Salomón había sido un hechicero y siguieron tales libros.
[38] Algunos comentaristas entienden la frase como: «Y (la brujería) no fue revelada a los ángeles Harut y Marut», y defienden que fueron los demonios quienes cayeron en la incredulidad y enseñaron la magia en Babilonia.
[39] Esta aleya es una prueba de que aprender brujería, magia negra o hechicería conlleva la incredulidad. De hecho, quien acude a un hechicero o brujo y cree en lo que dice habrá negado lo que Al-lah ha revelado al profeta Muhammad —que Al-lah lo bendiga y le dé la paz—. Ningún tipo de magia es aceptada en el islam e implica la obediencia a los demonios, que fueron quienes se la enseñaron al hombre.
Y (sin embargo) siguen lo que (falsamente) decían los demonios acerca del reinado de Salomón37. No obstante, Salomón no cayó en la incredulidad, sino que fueron los demonios quienes lo hicieron al enseñar la brujería y lo que les fue revelado38 a los ángeles Harut y Marut en Babilonia. Mas (los ángeles) no enseñaban nada a nadie sin decir antes: “Nosotros somos una prueba (de su Señor), no caigan en la incredulidad (aprendiendo la magia que les enseñamos)”. Y (las gentes) aprendían de ellos a separar a un hombre de su esposa; pero no perjudicaban a nadie sin el consentimiento de Al-lah. Y aprendían aquello que los perjudicaba y no los beneficiaba. Y, en verdad, los (judíos) sabían que quienes aprendían y practicaban la brujería39 no tendrían su parte de recompensa en la otra vida. ¡Por qué mal precio vendieron sus almas, si supieran!
Notas
[37] Al parecer, los demonios, encabezados por Iblis, convencieron a un grupo de los hijos de Israel, tras la muerte de Salomón, de que este controlaba a los hombres, a los demonios y a las aves con hechicería, y les mostraron como prueba libros de brujería que Salomón había enterrado bajo su trono. Los hijos de Israel corrieron la voz de que Salomón había sido un hechicero y siguieron tales libros.
[38] Algunos comentaristas entienden la frase como: “Y (la brujería) no fue revelada a los ángeles Harut y Marut”, y defienden que fueron los demonios quienes cayeron en la incredulidad y enseñaron la magia en Babilonia.
[39] Esta aleya es una prueba de que aprender brujería, magia negra o hechicería conlleva la incredulidad. De hecho, quien acude a un hechicero o brujo y cree en lo que dice habrá negado lo que Al-lah ha revelado al Profeta Muhammad —que Al-lah lo bendiga y le dé la paz—. Ningún tipo de magia es aceptada en el Islam e implica la obediencia a los demonios, que fueron quienes se la enseñaron al hombre.
Han seguido lo que los demonios contaban bajo el dominio de Salomón. Salomón no dejó de creer, pero los demonios sí, enseñando a los hombres la magia y lo que se había revelado a los os ángeles, Harut y Marut, en Babel. Y éstos no enseñaban a nadie, que no dijeran que sólo eran una tentación y que, por tanto, no debía dejar de creer. Aprendieron de ellos cómo dividir a un hombre de su esposa. Y con ello no dañaban a nadie sino autorizados por Alá. Aprendieron lo que les dañaba y no les aprovechaba, sabiendo bien que quien adquiría eso no iba a tener parte en la otra vida. ¡Qué mal negocio han hecho! Si supieran...
Las raíces de las palabras del versículo 102
Cada palabra con su raíz: ábrala para ver todos los versículos donde aparece.
Dijo [Moisés]: “Arrojen ustedes primero”. Entonces arrojaron sus cuerdas y varas, y por el hechizo que habían empleado, estas parecían moverse [como si fueran verdaderas serpientes].
aquellos que sigan al Mensajero y Profeta iletrado [Mujámmad], que se encuentra descrito en la Torá y el Evangelio; [el Profeta] que les ordena el bien y les prohíbe el mal, les permite todo lo beneficioso y solo les prohíbe lo perjudicial, y les abroga los preceptos difíciles que pesaban sobre ellos [la Gente del Libro]. Y quienes crean en él, lo secunden, defiendan y sigan la luz que le ha sido revelada, serán los bienaventurados”.
¿Acaso no reparas en los nobles de los hijos de Israel después de la muerte de Moisés? Cuando le dijeron a su Profeta: “Desígnanos un rey para que combatamos junto a él por la causa de Dios”. Dijo: “¿Acaso prometen que si se les prescribe el combate no huirán?” Dijeron: “¿Cómo no vamos a combatir por la causa de Dios si fuimos expulsados de nuestros hogares y apartados de nuestros hijos?” Pero cuando se les ordenó el combate le dieron la espalda, excepto unos pocos, y Dios conoce bien a los opresores.
Los derrotaron con el permiso de Dios y David mató a Goliat. Dios le concedió [a David] el reino y la sabiduría, y le enseñó cuanto Él quiso. Si Dios no hubiera permitido que la gente se defendiera, la Tierra estaría llena de corrupción, pero Dios concede Sus gracias a todos los seres.
Y cuando hayan terminado con los ritos que deben realizar, celebren el nombre de Dios tal como celebran la memoria de sus padres, y más aún. [Pues] hay gente que dice: “¡Señor nuestro! Danos bienestar en esta vida”; pero no obtendrán nada en la otra vida.
A aquel que busque obtener la recompensa de la otra vida [a través de obras buenas], se la multiplicaré. Pero a quien solo pretenda obtener bienes materiales en este mundo, se los concederé, pero no obtendrá recompensa alguna en la otra vida.