Saad ibn Abi Waqqás, uno de los diez a quienes se anunció el Paraíso, fue «el primero de los árabes en lanzar una flecha por la causa de Allah» (al-Bujari 3728); en Uhud el Profeta ﷺ le dijo: «¡Dispara, que mi padre y mi madre sean tu rescate!» (al-Bujari 4055). A la muerte de Saad ibn Muʿad, jefe de los Aws, el Profeta ﷺ dijo: «El Trono se estremeció por la muerte de Saad ibn Muʿad» (al-Bujari 3803).
Saad es el sustantivo mismo de la raíz s-ʿ-d: significa «la felicidad, la buena fortuna, el buen augurio», y los lexicógrafos lo oponen a nahs, «la mala suerte». Es uno de los nombres árabes más antiguos; no debe confundirse con Saíd, «feliz», ni con Masʿud, «afortunado», de la misma familia. El Corán emplea la raíz para los bienaventurados: «Y en cuanto a los que sean felices, estarán en el Paraíso» (11:108).
En cambio, los bienaventurados estarán en el Paraíso eternamente al igual que los cielos y la tierra [de la otra vida], excepto lo que tu Señor quiera. [Los bienaventurados] serán recompensados con una gracia sin fin.