Y recuerda [¡Oh, Mujámmad!] cuando al alba saliste de tu hogar para asignar a los creyentes sus posiciones en el campo de batalla. Dios todo lo oye, todo lo sabe.
El versículo 121 de la sura Al Imran (3:121), sura medinense, se encuentra en el yuz 4, en la página 65 del mushaf. Léelo en árabe con su transliteración, sus traducciones y su tafsir, y escúchalo recitado por 71 recitadores.
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Tafsir del versículo 121
Al-Mujtasar
Recuerda, Profeta, cuando saliste al comienzo del día de Medina a fin de combatir a los politeístas, dirigiéndote al monte de Uhud donde designaste a los creyentes sus puestos de combate y asignaste a cada uno su lugar. Al-lah escucha tus palabras y conoce tus actos.
Se refieren a las aleyas 116 a 121 de la sura Al Imran (página 65 del mushaf).
1. Está prohibido a los creyentes tomar a los que rechazan la fe como confidentes de los secretos de los musulmanes.
2. Una de las manifestaciones de la hostilidad de los incrédulos hacia los creyentes es la satisfacción que sienten al ver a los creyentes alcanzados por la desgracia o una pérdida, y la rabia que los envuelve cuando algo bueno les sucede.
3. La mejor forma de protegerse contra las astucias de los incrédulos consiste en ser paciente y no manifestar miedo, además de temer a Al-lah y procurarse los medios para vencer.
Otras traducciones del versículo 121
Y (recuerda, ¡oh, Muhammad!) cuando saliste de tu hogar por la madrugada para asignar a los creyentes sus puestos en la batalla (de Uhud116). Y Al-lah todo lo oye y todo lo sabe.
Notas
[116] La batalla de Uhud es la segunda gran batalla del islam y tuvo lugar el tercer año de la Hégira en el monte Uhud, situado a unos cinco kilómetros de la ciudad de Medina. Tras la pérdida que los incrédulos de La Meca sufrieron en Badr, estos prepararon una ofensiva para vengarse de los musulmanes, para lo que reunieron un ejército de unos 3.000 hombres. Los musulmanes salieron a su encuentro con un ejército de 1.000 hombres, aunque los hipócritas de la ciudad preferían quedarse en Medina y no estaban de acuerdo con la decisión del Profeta —que Al-lah lo bendiga y le dé la paz—. Uno de los hipócritas regresó a la ciudad con una tercera parte del ejército antes de llegar a Uhud, molesto con el Profeta —que Al-lah lo bendiga y le dé la paz— por no haber tenido en cuenta su opinión de no salir al encuentro de los incrédulos de La Meca. Posteriormente, él y sus seguidores se excusarían diciendo que no sabían que ese día iban a luchar y que por esa razón regresaron a Medina. La batalla supuso un gran revés para los musulmanes que padecieron las consecuencias de desobedecer las órdenes del profeta Muhammad —que Al-lah lo bendiga y le dé la paz—, ya que los arqueros, quienes protegían al resto de los combatientes musulmanes desde lo alto del monte, abandonaron sus puestos para tomar el botín pese a la prohibición del Profeta —que Al-lah lo bendiga y le dé la paz— y fueron sorprendidos por detrás, de manera que perdieron una batalla que tenían prácticamente ganada.
Y (recuerda, ¡oh, Muhammad!) cuando saliste de tu hogar por la madrugada para asignar a los creyentes sus puestos en la batalla (de Uhud116). Y Al-lah todo lo oye y todo lo sabe.
Notas
[116] La batalla de Uhud es la segunda gran batalla del Islam y tuvo lugar el tercer año de la Hégira en el monte Uhud, situado a unos cinco kilómetros de la ciudad de Medina. Tras la pérdida que los incrédulos de La Meca sufrieron en Badr, estos prepararon una ofensiva para vengarse de los musulmanes, para lo que reunieron un ejército de unos 3.000 hombres. Los musulmanes salieron a su encuentro con un ejército de 1.000 hombres, aunque los hipócritas de la ciudad preferían quedarse en Medina y no estaban de acuerdo con la decisión del Profeta —que Al-lah lo bendiga y le dé la paz—. Uno de los hipócritas regresó a la ciudad con una tercera parte del ejército antes de llegar a Uhud, molesto con el Profeta —que Al-lah lo bendiga y le dé la paz— por no haber tenido en cuenta su opinión de no salir al encuentro de los incrédulos de La Meca. Posteriormente, él y sus seguidores se excusarían diciendo que no sabían que ese día iban a luchar y que por esa razón regresaron a Medina. La batalla supuso un gran revés para los musulmanes que padecieron las consecuencias de desobedecer las órdenes del Profeta Muhammad —que Al-lah lo bendiga y le dé la paz—, ya que los arqueros, quienes protegían al resto de los combatientes musulmanes desde lo alto del monte, abandonaron sus puestos para tomar el botín pese a la prohibición del Profeta —que Al-lah lo bendiga y le dé la paz— y fueron sorprendidos por detrás, de manera que perdieron una batalla que tenían prácticamente ganada.
Y cuando dejaste por la mañana temprano a tu familia para asignar a los creyentes sus puestos de combate. Alá todo lo oye, todo lo sabe.
Las raíces de las palabras del versículo 121
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