Narrador:Jabir ibn Abdullah
حَدَّثَنَا قُتَيْبَةُ، حَدَّثَنَا اللَّيْثُ، عَنْ يَزِيدَ بْنِ أَبِي حَبِيبٍ، عَنْ عَطَاءِ بْنِ أَبِي رَبَاحٍ، عَنْ جَابِرِ بْنِ عَبْدِ اللَّهِ ـ رضى الله عنهما ـ أَنَّهُ سَمِعَ رَسُولَ اللَّهِ صلى الله عليه وسلم يَقُولُ عَامَ الْفَتْحِ، وَهُوَ بِمَكَّةَ "
إِنَّ اللَّهَ وَرَسُولَهُ حَرَّمَ بَيْعَ الْخَمْرِ وَالْمَيْتَةِ وَالْخِنْزِيرِ وَالأَصْنَامِ "
Yabir bin 'Abil-lah —que Al-lah esté complacido con ambos— narró que escuchó decir al Mensajero de Al-lah —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— el año de la Conquista, cuando se hallaba en La Meca:
«Al-lah y Su Mensajero prohíben la venta de vino, los animales muertos, el cerdo y los ídolos». Le dijeron: «¡Oh, Mensajero de Al-lah!, ¿qué hay de la grasa de los animales muertos que se utiliza para recubrir barcos, untar pieles y como combustible para lámparas?». Respondió: «Es ilícita». Luego, el Mensajero de Al-lah —la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él— dijo: «¡Que Al-lah maldiga a los judíos! Cuando Al-lah prohibió su grasa, la derritieron, la vendieron y se beneficiaron de su precio».
Narrado por Al-Bujari (n.º 2236, 4296), Muslim (n.º 1581a), Abu Dawud (n.º 3486, 3487), At-Tirmidhi (n.º 1297), An-Nasa’i (n.º 4256, 4669), Ibn Mayah (n.º 2167) y Ahmad (n.º 13948).