El versículo 100 de la sura Al Imran (3:100), sura medinense, se encuentra en el yuz 4, en la página 62 del mushaf. Léelo en árabe con su transliteración, sus traducciones y su tafsir, y escúchalo recitado por 71 recitadores.
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Tafsir del versículo 100
Al-Mujtasar
Ustedes que creen en Al-lah y siguen a Su Mensajero, si obedecen a un grupo de la Gente del Libro, judíos y cristianos, en lo que ellos les dicen y aceptan su consejo, los harán regresar a la incredulidad, por la envidia y el extravío que los atormentan, luego de que ustedes hubieron conocido la fe.
Se refieren a las aleyas 92 a 100 de la sura Al Imran (página 62 del mushaf).
1. Una de las tergiversaciones de la Torá es que los que la editaron pretenden que la prohibición que se impuso Jacob en relación al consumo de ciertos alimentos ha sido revelada por la Torá.
2. El lugar de culto más importante y el más noble es la Casa Sagrada, ya que fue la primera casa consagrada a la adoración de Al-lah y posee características específicas que no se encuentran en ningún otro templo.
3. Al-lah menciona la obligación de cumplir con la Peregrinación Mayor en los términos más estrictos, a fin de subrayar su carácter obligatorio.
Otras traducciones del versículo 100
¡Oh, creyentes!, si obedecéis a un grupo de quienes recibieron las Escrituras, harán que volváis a la incredulidad después de haber aceptado la fe.
¡Oh, creyentes!, si obedeces a un grupo de quienes recibieron las Escrituras, harán que vuelvan a la incredulidad después de haber aceptado la fe.
¡Creyentes! Si obedecéis a algunos de los que han recibido la Escritura, harán que, luego de haber creído, no creáis.
Las raíces de las palabras del versículo 100
Cada palabra con su raíz: ábrala para ver todos los versículos donde aparece.
¡Oh, creyentes! Si tienen temor de Dios, Él les concederá el criterio, perdonará sus faltas y aceptará su arrepentimiento. Dios es el dueño de un favor inmenso.
¡Oh, creyentes! Muchos de los rabinos y monjes se apropian del dinero ajeno sin derecho, y desvían [a la gente] del sendero de Dios. A aquellos que atesoren el oro y la plata y no contribuyan por la causa de Dios, anúnciales un castigo doloroso.
¡Oh, creyentes! Si una persona que transgrede se les presenta con alguna noticia, corroboren su veracidad, no sea que perjudiquen a alguien por ignorancia y luego se arrepientan de lo que hayan hecho.