Narrador:Laqit ibn Sabira
حَدَّثَنَا عَبْدُ الْوَهَّابِ بْنُ عَبْدِ الْحَكَمِ الْبَغْدَادِيُّ الْوَرَّاقُ، وَأَبُو عَمَّارٍ الْحُسَيْنُ بْنُ حُرَيْثٍ قَالاَ حَدَّثَنَا يَحْيَى بْنُ سُلَيْمٍ، حَدَّثَنِي إِسْمَاعِيلُ بْنُ كَثِيرٍ، قَالَ سَمِعْتُ عَاصِمَ بْنَ لَقِيطِ بْنِ صَبْرَةَ، عَنْ أَبِيهِ، قَالَ قُلْتُ يَا رَسُولَ اللَّهِ أَخْبِرْنِي عَنِ الْوُضُوءِ، . قَالَ
" أَسْبِغِ الْوُضُوءَ وَخَلِّلْ بَيْنَ الأَصَابِعِ وَبَالِغْ فِي الاِسْتِنْشَاقِ إِلاَّ أَنْ تَكُونَ صَائِمًا "
Laqīt ibn Sabrah (que Al-láh esté complacido con él) informó: Yo era el líder de la delegación de Banu al-Muntafiq o entre tal delegación, que vino al Mensajero de Al-láh (que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él). Cuando llegamos, no lo encontramos en su casa. Encontramos allí a Aisha, la Madre de los Creyentes. Ella ordenó que nos prepararan un plato llamado Jazīrah y así fue. Y se nos presentó una bandeja con dátiles. Entonces, el Mensajero de Al-láh (que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él) vino y preguntó: "¿Le han servido? o ¿Habéis comido algo?" Respondimos: "Sí, Mensajero de Al-láh", mientras estábamos sentados en compañía del Profeta, un pastor de repente condujo su rebaño de ovejas al redil. Tenía con él un cordero recién nacido. El Profeta (que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él) le preguntó: "¿Qué trajo, oh fulano?" Respondió: "Una oveja". Dijo: "Dególlanos una oveja en lugar de ella". Luego, dijo: "No creas que lo estamos sacrificando por ti. Tenemos cien ovejas y no queremos que su número aumente. Por eso, cada vez que nace una oveja, sacrificamos una oveja en su lugar". Dije: "Oh, Mensajero de Al-láh, tengo una esposa que habla mal". Dijo: "Entonces divorciate de ella". Dije: "Oh Mensajero de Al-láh, hemos estado juntos por mucho tiempo y tengo hijos de ella". Dijo el profeta: "Entonces, aconséjale. Si hay bondad en ella, ella cumplirá. Y no atices a tu esposa como a tu esclava". Dije: "Oh Mensajero de Al-láh, dime algo sobre la ablución". Dijo: “Realiza la ablución a fondo, pasa los dedos mojados entre los dedos de las manos y de los pies, y aspira profundamente el agua por la nariz a menos que estés ayunando”.
Narrado por At-Tirmidhi (n.º 788), Abu Dawud (n.º 142, 143, 2366), An-Nasa’i (n.º 87, 114) y Ibn Mayah (n.º 407, 448).